La presencia de Dios descendió de una manera especial sobre cada uno de los chicos ministrando paz, amor, unidad y alegría. Desde el momento de adoración hasta la palabra que estuvo a cargo de Alejandro Mendez, el mensaje fue no parar, seguir por más.
El desafío de este viernes fue estar dentro del corazón de Dios las 24 horas, para contagiar a otros el perfume de la presencia de Dios, que él nos da por medio de Cristo.
Somos el olor mortal. Somos vida. Somos lo que Dios es para nosotros. Somos el olor fragante para una persona: Dios.
“Dios nos hizo probar un poquito de agua, y anhelamos más”
-
-




